Lidiando con la queja y la amargura.
Escrito por: Yeimy de Robainas.
Si de una cosa las mujeres debemos cuidarnos todo el tiempo y estar muy alertas es de caer en actitudes de queja y amargura.
Con frecuencia he visto esta tendencia en mi, como se va colando poco a poco y cuando vengo a darme cuenta ya se ha extendido bastante por todos los territorios de mi alma. En realidad no es que se inflitra desde afuera sino que sale de mi propio corazón y contamina todo lo demás.
Lo puedo ver por ejemplo en la insatisfacción con mi situación actual en dependencia de lo que quisiera y de mis planes y deseos en ese momento y al ver que no se han cumplido de la forma que yo quiero y cuando lo quiero...pues me frustro y desespero; cuestionando la bondad y sabiduria perfectas de Dios.
También asoma su cabeza tras las falsas expectativas que muchas veces coloco sobre cosas o sobre los hombros de los que exijo, en mi idolatría, "hacerme feliz" cuando solo Dios puede hacerlo.
Y otras veces las veo en medio de las dificultades y obstáculos que se van presentando en el camino y que me angustian; cuando en realidad en la providencia de Dios pueden ser y de hecho lo son: magníficas oportunidades para reconocer mi debilidad y depender de la Gracia del Señor para que Su Poder se perfeccione en mi.
La Palabra de Dios nos manda en Efesios: "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia." (Efesios 4:29-31)
Puedo confesar que en muchas ocasiones y de muchas maneras he pecado en esta área, olvidando que las quejas son palabras corrompidas que no tienen ningún provecho ni edificación para mi ni para quien me escuche; mas aún contristo al Espiritu Santo y respondo en amargura y esto también pudiera dar lugar al enojo o a la ira pecaminosa, una cadena de varios eslabones que pueden empezar con estas palabras corrompidas y sin gracia.
También se nos dice: "Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;"
Filipenses 2:14-15
Aqui tenemos un llamado también a revisar y dar caza en nuestro corazón a estas actitudes, guardándonos de la murmuración y la contienda. Y es que cuando nos quejamos estamos en una postura ya sea abiertamente o más bien aunque no lo digamos con nuestros labios, de murmurar contra Dios y Su Palabra. Al final es una guerra contra el Señor porque nos estamos quejando de todo aquello que El en su Soberania y Misericordia controla y gobierna y olvidamos su gracia y amor para nosotras en Cristo Jesús cada día y que TODO absolutamente TODO obrará para Su Gloria y nuestro bien, según sus propósitos.
Y en esta porción de Filipenses hay un propósito revelado y es que podamos ser irreprensibles y sencillas, que no demos lugar a actitudes que puedan ser tildadas o amonestadas por otros sino que como hijas de Dios sin mancha podamos resplandecer la luz del Señor en medio de esta generación que se dice que es maligna y perversa.
En estos tiempos que vivimos las conversaciones están cargadas de quejas a nuestro alrededor, uno tras otro tema que escucho muy a menudo de mis familiares o vecinos son los comentarios y disgustos constantes por la situación de la pandemia, escasez de alimentos y otros recursos y también los elevados precios.
Y ciertamente la realidad es que estamos viviendo tiempos dificiles; pero qué impacto sería para esta generación que solo ve lo terrenal, ver en los hijos de Dios resplandecer la luz de la gratitud y el gozo que tenemos perpetuamente en Cristo a pesar de las pruebas. En realidad debemos aceptar que nosotras tenemos más razones para agradecer y alabar a Dios que para quejarnos y amargarnos .
No tenemos que mirar lo terrenal que es temporal y se desvanecerá, sino que podemos poner nuestra mira en las cosas del cielo donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, pues hemos sido resucitadas con Él y nuestra vida ahora está escondida en Cristo (Colosenses 3: 1-3). Tenemos una firme y segura esperanza que no vemos ahora pero es eterna, una herencia que es incontaminada e inmarchitable por lo que no podrá ser destruida. (1 Pedro 1:3-9)
Recordemos además como en Hebreos 12: 15 se nos advierte: "Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados."
Debemos ser alertas y velar en todo tiempo pidiendo a Dios en oración que nos revele y de convicción de estas actitudes en nuestro corazón y pedir el arrepentimiento y la gracia para quitar toda queja y amargura que nos estorbe y que además pueda ser de tropiezo y daño para otros; pues como veiamos en Filipenses debemos dar un buen testimonio de quienes somos ahora como hijas de Dios en medio de un escenario tan adverso, donde nosotras debmos correr en otra dirección. Pero si cedemos ante la tentación de amargarnos como otras personas que nos rodean o de peor aún ser nosotros los que propaguemos el contagio, entonces perdemos de vista el propósito y haremos gran daño.
En este sentido Dios me hace recordar y aplicar estas verdades que son medicinas para mi:
-Que cada día podamos permanecer en Su Gracia, recordando que Sus planes y tiempos para nosotras son perfectos y siempre buenos. No nos desesperemos, confiemos y esperemos en Él.
-Que miremos a Cristo y recordemos que solo en Él estamos completas; que en Su Presencia hay plenitud de gozo y delicias a su diestra para siempre. Que solo Él y nada ni nadie más puede saciar nuestra sed. No nos quejemos cuando otros no pueden cumplir o no son lo que solo Dios es y puede hacer en y por nosotras.
-Reconocer que las pruebas y el sufrimiento es parte también de nuestro llamado y que tienen su importante rol dentro de todo el plan de Dios. Estos acontecimientos dificiles que hoy no entendemos tienen un propósito y encajan perfectamente en la obra de Dios. En ellos podemos acudir a Dios y depender aún más de Él, son oportunidades de conocerle y de experimentar su gracia y cuidado de una forma especial.
Oremos: Señor ayúdanos a ser diligentes en quitarnos toda amargura y no hacer nada con quejas, murmuraciones o con un corazón contencioso que no está de acuerdo con tu buena, perfecta y agradable Voluntad. Ayúdanos a tener un corazón agradecido y gozoso en Ti y en las promesas de tu Palabra y que podamos ver que Tú eres Suficiente.
¿De qué otras formas se revela la queja y la amargura en ti?
Confiesa tu pecado y pide perdón a Dios. Corre a la Palabra para que te llenes de gratitud al volver a ver sus maravillas y grandes obras a favor de ti en Cristo Jesús y regocijate en Él. Sustituye tu queja por alabanzas!!!
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