Mi año 2023. Parte II
Parte II
Este año ha sido también el de los sueños y anhelos insatisfechos.
Mi esposo y yo comenzamos en Enero orando al Señor, o mejor dicho, siguiendo en oración por un motivo que tenemos delante de Él hace un tiempo ya. Y este año, por varias condiciones que se dieron, lo iniciamos con la ilusión de que si Dios permitía podría hacerse realidad. Estuvimos orando y dando "nuestros pasos humanos", porque "tenemos que caminar en fe e ir haciendo algo" (decía yo sobre todo que soy la más desesperada e insistente de los dos).
En los primeros meses, sucedió algo y pensamos que el Señor nos había abierto una puerta. Pero de nuestra parte no estaba todo listo y tuvimos que embarcarnos en otro proceso, uno largo y complicado, dando otros pasos que necesitábamos para cumplir nuestro deseo.
Cuando al fin ya teníamos todo lo que creíamos que nos hacía falta, entonces la puerta se cerró en nuestras narices y francamente el portazo dolió bastante. Nos quedamos con bocas abiertas y hasta como apenados por todo lo que incluso habíamos ya anticipado acerca de ese sueño en el que ya nos veíamos viviéndolo y haciéndolo realidad.
Y no faltó la expresión de: "Bueno, Dios sabe todas las cosas. Si no sucedió, Él es Soberano y todo lo que hace es Bueno, Sabio, Amoroso y Justo", pero nuestras emociones y nuestro pedante corazón seguían luchando con sentir lo que sabía y decía nuestra mente.
Igual, sobre todo yo, fui quien más luchó. Mi esposo, aun cuando ha tenido sus momentos de lucha también, siempre ha tratado de darme una perspectiva sensata y calmada del asunto y me ha animado a seguir esperando y aceptando la voluntad de Dios.
Pero sí, realmente por mi parte ha sido bien difícil y me la agarré fuerte este año con todo ese tema. He luchado con aceptar la voluntad de Dios por mi incredulidad, porque aunque racionalmente sepa que su voluntad es buena, agradable y perfecta, en mi humanidad y necedad por mi pecado, he batallado con que las cosas se hagan en mis tiempos y a mis maneras, olvidando que dice Salmos 31:15 (a) que en “sus manos están mis tiempos”.
He llorado, me he enojado como Jonás y he pataleteado porque no se cumplieron mis expectativas.
Y no solo eso, sino que después de esa puerta cerrada, seguí buscando e insistiendo y tocando puertas por aquí y por allá, tratando de encontrar versículos bíblicos que justificaran lo que estaba haciendo y tratando, según yo, de buscar la voluntad del Señor en todo eso.
Pero en realidad, tengo que ser sincera en que lo que estaba haciendo, era tratando de callar la voz de su Espíritu dentro de mi y a través de su Palabra, que no me ha dejado sola en este tiempo y ha estado siempre diciéndome la verdadera voluntad de Dios para nosotros en este año: esperar en Él para que Él nos muestre su guianza y su camino para nosotros en su voluntad.
Jerry Bridges expresa en su libro Confiando en Dios aunque la vida duela, algo que ha sido completamente aplicable para nosotros en todo lo sucedido: “Desde nuestra posición limitada, nuestras vidas están marcadas por una infinita serie de posibilidades. Con frecuencia en lugar de actuar como planeamos, nos encontramos reaccionando mal ante una inesperada serie de eventos. Hacemos planes y con frecuencia somos forzados a cambiarlos. Pero con Dios no hay eventualidades, pues el cambio inesperado de planes es parte de Su plan. Él nunca se sorprende, y nunca lo cogemos fuera de guardia o frustrado por sucesos inesperados. Él hace lo que quiere, y eso siempre es para Su gloria y nuestro bien."
No sabemos aún lo que tiene para nosotros y si cumplirá o no nuestro deseo. Pero a lo que sí el Señor nos ha guiado es a que esperemos en Él, que le pidamos en oración su propósito y plan para nuestras vidas. Que sin dejar de orar, descansemos en sus promesas que son fieles y verdaderas.
“Porque yo se los planes que tengo para ustedes, planes de bien y no de mal, para darles un futuro y una esperanza." Jeremías 29:11
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